sábado, 25 de mayo de 2019

CARMEN VELASCO: DELEGADA DIOCESANA DE ENSEÑANZA (Málaga)



 Somos muchos los que pensamos que la educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes es uno de los grandes retos de la sociedad española; somos muchos los que pensamos que, además de formar trabajadores (según recoge el preámbulo de la Ley Orgánica de Educación), la escuela debe contribuir a la formación integral de las personas y que esa formación contempla el desarrollo de todas las capacidades del alumnado, desarrollando todas las “inteligencias” que las personas tenemos. Somos muchos los que pensamos y defendemos que la educación de los hijos es un derecho de los padres y no del Estado, que lo que debe hacer es poner los medios para que las familias puedan ejercer el derecho a la libre elección del tipo de educación que quieren para sus hijos como reconoce nuestra Constitución En la escuela son muchos los profesores que están empeñados en el desarrollo integral de sus alumnos; el profesorado de religión se sabe instrumento y cauce de ese desarrollo y la clase de Religión Católica se presenta como un espacio de reflexión y crecimiento donde poder hacer otras preguntas y buscar, con otros, respuestas para la vida, para comprender el mundo, nuestras raíces, nuestra historia; para entender otros puntos de vista porque solo desde el conocimiento de lo diverso se puede comprender lo propio. Como todos los años por estas fechas, las familias y los alumnos mayores deben elegir si quieren clase de Religión; es un “referéndum” anual donde siempre gana el sí y donde la administración educativa a veces pone muchos inconvenientes olvidando que su misión es salvaguardar el derecho a elegir de los padres y no elegir por ellos. Como hemos dicho en otras ocasiones, la clase de Religión confesional (en nuestro caso la católica, pero también la islámica y la evangélica) es de oferta obligatoria para los centros escolares de Infantil, Primaria, Secundaria y Bachiller, y voluntaria para el alumnado; y no, no mide ni evalúa la fe, ni prepara para los sacramentos que es misión de la catequesis y la comunidad parroquial. La clase de Religión Católica desarrolla un currículo que cualquiera puede conocer (está publicado en el BOE) y sí: nos acerca a la persona de Jesús, a la Iglesia, al diálogo con otras religiones desde el conocimiento de estas, a las virtudes y los valores del Evangelio muchos de ellos compartidos con las mujeres y hombres de buena voluntad del mundo. Y en esa tarea, y trabajando a veces en condiciones difíciles, el profesorado de Religión hace posible que se ejerza ese derecho como el sembrador de la parábola: haciendo llegar la semilla de la Palabra allí donde hay tierra buena, porque los alumnos siempre lo son. Por todo ello, animo a todas las familias, a todo el alumnado, a matricularse en clase de Religión Católica

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