Un grupo de nuestra parroquia ha ido a Tierra Santa .
Shalom.
Domingo 26 de febrero. Primer día en Tierra Santa. Amanecemos en la
orilla del lago del Galilea. El recorrido del día es la subida al Monte
Tabor, la visita al primado de Pedro a orillas del Lago, la parada en
Cafarnaún para entrar en la sinagoga donde Jesús predicaba y la casa de
Pedro. Después de la comida, celebrar la eucaristía en el monte de las
Bienaventuranzas y, la guinda, el paseo en barco por el lago de Galilea.
Juan J. Loza - 27/02/2012.
Me quedo en la visita a Cafarnaún, los primeros pasos de Jesús de
Nazaret donde anuncia el Reino: "convertíos y creed en el evangelio".
Las mismas orillas en las que contempló el duro trabajo de los
pescadores, el sufrimiento de los pobres jornaleros de los campos de
Galilea. Las misma orillas que Jesucristo recorrió, vio y llamó a los
primeros apóstoles.
Llegamos al pequeño pueblo de Cafarnaún, a la misma orilla del lago
donde la gente del campo bajaba, los comerciantes paraban, los
pescadores dejaban las redes. Escuchaban sus enseñanzas porque hablaba
con autoridad. A Jesús le llevaban los enfermos, los impedidos, se
agolpaban a las puertas de la casa en la que era acogido según la
costumbre.
Cierro los ojos y me imagino a la puerta de la casa a Jesús entrando.
Primero pasa por un pequeño patio rectangular donde las mujeres molían
el trigo y el más pequeño de la casa le ofrecía un cuenco con leche
fresca. La madre tenía preparada el agua para los pies y, por último, el
padre de familia le saludaba con un beso. Los humildes y los pobres
escuchaban al Maestro, al hijo del carpintero. Nunca habían visto una
cosa igual. ¿Quién es éste?
El domingo por la mañana nos acercamos con el grupo a la sinagoga de
Cafarnaún para visitar la casa de Pedro. En ese mismo lugar, en el que
se agolpaban los enfermos, el último de nuestra fila de peregrinos es
Sebastián que viene con su mujer. Tiene unos 60 años, hace dos años
tenía paralizado totalmente el lado izquierdo, no podía andar y hablaba
con dificultad. El andar de Sebastián es lento, como el ladeo de un
péndulo oxidado, y ayudado con su bastón, se cansa, se para y respira
con dificultad. No puede. El grupo ya está reunido en el jardín junto a
la sinagoga y escucha con atención la explicación del guía local,
Camilo. Me acerco y le pregunto, “¿cómo estás?” “Sigue tú, me dice,
tranquilo”. “No te preocupes, para eso he venido, toma mi brazo y no te
preocupes". Le doy un poco de agua. Llega con dificultad al grupo, se
sienta, respira, mira alrededor y toma conciencia donde está, cerca de
la casa de Pedro donde Jesús curaba. A partir, de ese momento, siente
una fuerza especial, un aliento que le empuja a caminar decidido,
alegre. Agradecido, me recuerda, horas más tarde con ese brillo que un
niño con zapatos nuevos. "Hace dos años no podía caminar, hablaba con
dificultad, estaba derrotado. Ahora estoy aquí". Sus palabras van
saliendo con esa lentitud e intensidad que me llega hasta lo más
profundo de mi corazón.
Antes por la mañana, Julio, un zamorano afincado en Alhaurín de la
Torre, me decía, “esta noche no he podido dormir pensando que en estos
mismos paisajes lo vio y los contemplo Jesús. Me he sobresaltado varias
veces y esta mañana, al ver amanecer, tengo una sensación indescriptible
que me invade el alma. Estoy mirando el mismo lago que miró nuestro
Señor”.
Paz y Bien
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