REFLEXIÓN PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO (B) 29-11-2020
No dejes para mañana lo bueno que puedas hacer hoy
Hecho de vida. Estamos acostumbrados a ver como los deportistas se entrenan antes de las
competiciones, los cantantes hacen ensayos antes de actuar, los estudiantes metan más
horas antes de los exámenes, etc. Por eso no nos debía de extrañar que la Iglesia nos invite,
desde el primer día Adviento, a prepararnos para la gran fiesta de Navidad
I,- Se ha dicho que en nuestros días la «cofradía del último día» tiene muchos adeptos.
¿Cuándo es el último día para matricularse? pregunta el estudiante. ¿Cuándo es el último
día para pagar? pregunta el que debe. ¿Cuándo es el último día para…? preguntamos
cuando tenemos que hacer algo que nos supone un cierto esfuerzo. Años atrás, el dicho:
«No dejes para mañana lo bueno que puedas hacer hoy» orientó muchas actuaciones. Sin
embargo, ahora las conductas están más inspiradas por esta sentencia: «No hagas hoy lo
que puedes hacer mañana». ¡Ojalá! este dicho no se cumpla en nosotros a la hora de iniciar
este Adviento de 2020.
II.- Jesús, en el evangelio que vamos a proclamar este domingo, nos dirá: «Mirad, vigilad:
pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al amanecer, si al atardecer, o a
media noche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os
encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!>>. Acoger este
mensaje de Jesús debe suponer para nosotros tomar en serio la decisión de prepararnos,
desde ya, para recibir al Salvador que nos visitará en esta Navidad de 2020. Si así lo hacemos
los pasos concretos y eficaces para recibir a Jesús irán brotando más fácilmente.
III.- El concepto de conversión que sigue funcionando en el imaginario de muchos cristianos
lo podríamos describir como una <> que tenemos que recorrer para
llegar a Dios o para «ganarle». Sin embargo, el núcleo de la conversión no está en llegar a
Dios o ganarlo. A Dios siempre le tenemos de nuestra parte. La cuestión está en dejarnos
modelar por Dios. Esto está muy bien expresado en el canto: «Yo soy arcilla, tú eres el
alfarero, Señor, yo quiero ser modelado otra vez por ti, tómame en tus manos y hazme vasija
en donde quepa el vino del amor, amor que al rebasar rebose los bordes de mi ser.
Renuévame por dentro amásame otra vez, inyéctame tu misma vida, transfórmame en tu
ser»
IV.- Reflexión final. Todos nosotros a lo largo de nuestra vida hemos realizado opciones
que en su día las consideramos importantes. Si hacemos un breve análisis de ellas podremos
constatar que a la hora de llevarlas a cabo siempre hubo una decisión y tras ella vino todo lo
demás. Bueno será que en este primer domingo de Adviento tomamos la decisión de
prepararnos para recibir a Jesús en esta Navidad. Esto es lo que pedirá el sacerdote en la
primer oración: " Aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras, para que , colocados un día a su
derecha, merezcan poseer el reino eterno"
PARA ORAR Y MEDITAR
Es el tiempo de Adviento,
de la esperanza y la espera.
¡Ven, Señor!, te cantamos.
Pero tú, Señor, estás ahí,
a la puerta;
tan cerca,
que sentimos tu aliento.
Señor, ¿por qué madrugaste tanto?
La casa no está preparada,
y tú ya está ahí, a la espera.
¿Por qué intentas siempre sorprendernos?
Te hemos llamado, sí, pero era sólo un rito.
Hay que cumplir el protocolo, el reglamento,
hay que repetir muchas veces el canto,
hay que dejar pasar cuatro semanas
y encender las velas progresivamente; ¿no sabes?
¡Ven, Señor!, sí, pero a su tiempo.
Y tú te marchas cabizbajo,
que todos son excusas y pretextos;
mucho rito y poca vida,
mucho canto y poco anhelo.
¿Por qué no me abriré a tu presencia?
¿Por qué no te daré la llave de mi casa?
Podrías entrar cuando quisieras,
podrías colmarme con tu gracia;
entrar en mí y yo perderme en ti.
¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven! y sácame de mí.
Roman Bilbao Arrospide
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